Durante muchos años, la ley se escribió sin la voz de las mujeres

El 8M no nació como una celebración, nació como un grito de exigencia. Desde las huelgas de trabajadoras textiles en 1908 hasta la consolidación del sufragio femenino y la adopción de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la historia demuestra que la igualdad no fue un regalo: fue una conquista.

Durante décadas, las mujeres enfrentaron barreras que hoy parecen impensables:

  • Necesitar autorización para trabajar o administrar sus propios bienes.
    • La potestad marital que subordinaba legalmente a la mujer.
    • La exclusión de cargos públicos.
    • El acceso limitado a la educación.
    • La desigualdad salarial por el simple hecho de ser mujer.

El reconocimiento social, político y económico giraba casi exclusivamente alrededor del hombre.

Pero llegó un momento en que el silencio dejó de ser una opción. Mujeres cansadas de ser invisibles decidieron alzar la voz y exigir que sus derechos fueran reconocidos y protegidos por sistemas jurídicos que, hasta entonces, no habían sido pensados para ellas.

En Ecuador, una figura que simboliza ese punto de quiebre es: Matilde Hidalgo de Procel.

Una mujer lojana que desafió las normas de su época. Cuando las niñas terminaban su educación a los 11 años, ella decidió continuar estudiando, ingresó a la universidad y se graduó de médica, en una carrera que hasta entonces estaba reservada para hombres.

En 1924, cuando se abrieron los registros electorales, solicitó inscribirse para votar. La respuesta inicial fue una negativa. Sin embargo, revisó la Constitución de aquel período y encontró algo clave: el requisito para votar eraser mayor de 21 años y saber leer y escribir”. Nada decía que debía ser hombre, es decir, ella cumplía con los requisitos.

Y gracias a su determinación, se convirtió en la primera mujer ecuatoriana en ejercer el derecho al voto.

Hoy los avances continúan. En Ecuador, la Ley Orgánica para Impulsar la Economía Violeta, promulgada en 2023, impulsa medidas para reducir brechas de género, entre ellas:

  • Planes de igualdad con diagnóstico de brechas salariales y participación femenina.
  • Incentivos tributarios para empresas que generen empleo para mujeres.
  • Promoción de la participación femenina en cargos directivos.
  • El Sello Violeta, que reconoce buenas prácticas empresariales en igualdad.

 

Son pasos importantes, pero el camino hacia la igualdad todavía no ha terminado.

Muchas mujeres aún enfrentan realidades que otras lucharon por transformar hace décadas.


Por ellas, no podemos detenernos.
Por ellas, no podemos retroceder.
Por ellas, nunca estaremos en silencio.

 

Este 8 de marzo recordamos a quienes abrieron el camino y reafirmamos nuestro compromiso de seguir construyendo espacios donde las mujeres puedan liderar, decidir y transformar la justicia y la sociedad.

Porque cuando una mujer avanza, la sociedad también avanza con ella.

Por: Abg. Rosa Solórzano Jiménez.